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Preconcurso en 2026: cómo negociar con los acreedores antes de llegar al concurso

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4 sept
4 min de lectura

Cuando una empresa empieza a tener problemas para pagar, no siempre es necesario esperar a que la situación termine en concurso de acreedores.

Si el negocio todavía es viable, la Ley Concursal permite abrir un periodo de negociación con bancos, proveedores y otros acreedores para intentar reestructurar las deudas y evitar el concurso.

Es lo que habitualmente seguimos llamando preconcurso, aunque la ley actual habla de comunicación de apertura de negociaciones con los acreedores.


¿Cuándo puede utilizarse el preconcurso?

Puede plantearse cuando la empresa se encuentra en:

  • probabilidad de insolvencia, si se prevé que no podrá atender regularmente determinadas obligaciones en los próximos dos años;

  • insolvencia inminente, cuando se espera que no pueda pagar regularmente dentro de los próximos tres meses;

  • o insolvencia actual, cuando ya no puede atender con normalidad sus obligaciones vencidas.

No es necesario esperar a que existan embargos o varios meses de impagos.

De hecho, cuanto antes se detecta el problema, mayores posibilidades suele haber de negociar.


¿Qué se puede negociar?

El objetivo es conseguir que la empresa vuelva a ser viable.

Dependiendo del caso, un plan de reestructuración puede incluir:

  • ampliación de plazos;

  • reducción de deuda;

  • modificación de intereses;

  • nuevas condiciones de financiación;

  • conversión de deuda;

  • venta de determinados activos;

  • entrada de nuevos inversores;

  • o cambios operativos en la empresa.

Por ejemplo, una empresa puede tener un negocio rentable pero soportar cuotas mensuales de financiación demasiado elevadas. Si consigue ampliar los vencimientos y reducir su carga financiera, puede evitar una insolvencia definitiva.


¿Cuánto tiempo da el preconcurso?

La comunicación produce efectos inicialmente durante tres meses.

En determinados casos puede solicitarse una prórroga de hasta otros tres meses, siempre que se cumplan los requisitos legales y exista suficiente apoyo de los acreedores afectados.

Por tanto, el preconcurso no consiste simplemente en “ganar tiempo”.

Es un periodo limitado que debe utilizarse para negociar una solución concreta.


¿Se paralizan los embargos?

Una de las principales ventajas es la protección frente a determinadas ejecuciones.

Durante los tres meses iniciales, los acreedores no pueden iniciar ejecuciones judiciales o extrajudiciales sobre bienes o derechos necesarios para la continuidad de la actividad empresarial.

Las ejecuciones que ya estuvieran en marcha sobre esos bienes pueden quedar suspendidas.

Además, en determinadas circunstancias puede solicitarse al juez que extienda esa protección a otros bienes o frente a determinados acreedores cuando sea necesario para que las negociaciones tengan posibilidades de éxito.

Pero la protección no es absoluta.

Las garantías reales, el crédito público y determinados créditos tienen reglas específicas que deben revisarse individualmente.


¿Puede un acreedor pedir el concurso mientras negociamos?

Durante los tres primeros meses desde la comunicación, las solicitudes de concurso presentadas por otros legitimados no se admiten a trámite en los términos establecidos por la Ley Concursal.

Esto puede dar a la empresa un margen importante para negociar sin que un acreedor precipite inmediatamente un concurso necesario.

Pero ese margen tiene fecha de finalización.


¿Qué ocurre si conseguimos un acuerdo?

Si las negociaciones prosperan puede aprobarse un plan de reestructuración.

En determinados casos, ese plan puede ser homologado judicialmente y extender sus efectos incluso a ciertos acreedores que no hayan votado a favor, siempre que se cumplan las mayorías y requisitos previstos legalmente.

Por eso una negociación concursal puede tener más herramientas que una simple conversación individual con cada banco o proveedor.


¿Y si no conseguimos ningún acuerdo?

Aquí el calendario es fundamental.

Como regla general, una vez transcurridos los tres meses desde la comunicación, si no se ha alcanzado un plan de reestructuración y la empresa continúa en insolvencia actual, deberá solicitar el concurso dentro del mes siguiente.

Si se concedió una prórroga, ese plazo se computará desde que termine la prórroga.

Por tanto, presentar un preconcurso no permite retrasar indefinidamente una insolvencia que ya no tiene solución.

Si las negociaciones fracasan, hay que estar preparados para presentar el concurso a tiempo.


Hacienda y Seguridad Social requieren especial atención

El crédito público tiene importantes limitaciones.

Un plan de reestructuración no puede tratar una deuda con Hacienda o Seguridad Social exactamente igual que una deuda bancaria o comercial.

La Ley Concursal establece requisitos y límites específicos y, entre otras restricciones, no permite reducir el importe del crédito público mediante el plan.

Si una parte importante de la deuda de la empresa corresponde a AEAT o Seguridad Social, debe analizarse desde el principio porque puede condicionar seriamente la viabilidad de la reestructuración.


¿Y si mi empresa es una microempresa?

Las microempresas tienen reglas especiales.

Cuando se cumplen los límites legales del procedimiento especial para microempresas, la comunicación de negociaciones se rige por el artículo 690 de la Ley Concursal.

En ese régimen el periodo de negociación también es de tres meses, pero no puede prorrogarse.

Además, si al terminar esos tres meses la microempresa está en insolvencia actual, debe solicitar la apertura del procedimiento especial dentro de los cinco días hábiles siguientes.

Por eso, antes de presentar cualquier comunicación, hay que determinar si estamos ante el régimen general o ante una microempresa.


¿Cuándo merece la pena estudiar un preconcurso?

Puede ser especialmente útil cuando:

  • el negocio sigue generando actividad;

  • existen clientes y facturación;

  • el problema principal es el exceso de deuda;

  • se acercan vencimientos que la empresa no podrá atender;

  • varios bancos o proveedores están reclamando;

  • existen ejecuciones que pueden afectar a activos necesarios;

  • o todavía existe margen para alcanzar un acuerdo.

Si, por el contrario, la empresa lleva meses sin actividad, acumula pérdidas estructurales y no existe una posibilidad realista de recuperar la viabilidad, puede ser más adecuado preparar directamente el concurso o la liquidación.


Si tu empresa empieza a tener problemas, negocia antes de que sea demasiado tarde

El mejor momento para estudiar una reestructuración no suele ser cuando ya no queda dinero en la cuenta.

En Campaña Martín Abogados podemos analizar la situación financiera de la empresa, identificar qué acreedores deben participar en la negociación y valorar si existe una posibilidad real de alcanzar un plan antes de acudir al concurso.

Si tienes dificultades para pagar préstamos, proveedores o deuda empresarial y el negocio todavía es viable, conviene estudiar el preconcurso antes de que los impagos y las ejecuciones reduzcan las alternativas disponibles.

El objetivo no es simplemente retrasar el concurso.

El objetivo es utilizar ese tiempo para intentar evitarlo.


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La información contenida en este artículo es general y no sustituye el estudio jurídico individual de cada caso.

 
 
 

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