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Siete señales de que tu empresa puede estar en insolvencia y no deberías esperar más para actuar

contacto08226
hace 12 minutos
6 min de lectura

Muchas empresas no llegan a la insolvencia de un día para otro.

El problema suele empezar poco a poco.

Primero se retrasa una factura. Después se aplaza un impuesto. Se utiliza una póliza para pagar nóminas. Se pide financiación para cubrir otra financiación. Y llega un momento en que el administrador ya no dirige el negocio: solo intenta decidir qué deuda paga primero.

Ese es el momento en el que conviene analizar la situación.

Porque actuar a tiempo no significa necesariamente cerrar la empresa.

Puede significar exactamente lo contrario: recuperar el control antes de que las decisiones las tomen los acreedores, los embargos o la falta absoluta de liquidez.

Estas son siete señales que deberían ponerte en alerta.


1. Cada mes tienes que elegir a quién pagar

Una empresa puede tener una tensión puntual de tesorería.

El problema aparece cuando pagar unas obligaciones obliga sistemáticamente a dejar otras pendientes.

Por ejemplo:

pagas las nóminas pero no a proveedores;

pagas al banco pero aplazas impuestos;

pagas Hacienda pero devuelves recibos;

o utilizas el cobro de un cliente para cubrir inmediatamente una deuda anterior.

Cuando esto se convierte en la forma habitual de funcionar, puede existir un problema de insolvencia mucho más profundo que una simple falta puntual de liquidez.

La pregunta que debe hacerse el administrador es sencilla:

¿Podemos pagar regularmente las obligaciones que van venciendo?

Si la respuesta empieza a ser no, conviene actuar.


2. Estás utilizando nueva financiación para pagar deuda antigua

Pedir financiación no es, por sí mismo, un problema.

Muchas empresas necesitan crédito para crecer, comprar maquinaria o financiar circulante.

La señal de alarma aparece cuando el dinero nuevo ya no sirve para generar negocio, sino únicamente para tapar vencimientos anteriores.

Una póliza paga otra póliza.

Un préstamo paga proveedores atrasados.

Una tarjeta empresarial cubre impuestos.

Y cada refinanciación aumenta las cuotas futuras.

Durante un tiempo puede parecer que la situación mejora.

En realidad, puede estar aplazándose el problema mientras la deuda continúa creciendo.

Cuando una empresa necesita endeudarse simplemente para mantenerse al corriente de sus obligaciones anteriores, merece la pena analizar inmediatamente si el negocio sigue siendo viable con su estructura financiera actual.


3. Hacienda y Seguridad Social empiezan a acumularse

Aplazar una deuda pública concreta puede formar parte de una gestión normal de tesorería.

Pero cuando se convierten en habituales:

  • las deudas tributarias;

  • cuotas de Seguridad Social;

  • aplazamientos sucesivos;

  • providencias de apremio;

  • o embargos administrativos,

la situación cambia.

El impago generalizado durante determinados periodos de obligaciones tributarias, de Seguridad Social o salariales es además uno de los hechos que la Ley Concursal utiliza como manifestación externa de insolvencia.

Esperar hasta que las cuentas estén bloqueadas puede hacer mucho más difícil cualquier solución.

El momento adecuado para analizar la empresa es antes de que la deuda pública condicione toda la tesorería.


4. Los proveedores han dejado de darte crédito

Los proveedores suelen detectar los problemas financieros muy pronto.

Primero reducen los plazos.

Después exigen pago anticipado.

Finalmente dejan de servir mercancía si no se paga al contado.

Cuando varios proveedores adoptan simultáneamente esa postura, la empresa puede encontrarse en una situación peligrosa:

necesita más tesorería precisamente en el momento en que dispone de menos financiación.

Eso puede convertir un problema financiero en un problema operativo.

El negocio puede tener clientes y pedidos, pero no disponer de dinero suficiente para comprar aquello que necesita para trabajar.

Actuar antes de llegar a ese punto puede permitir negociar de forma mucho más ordenada.


5. Las nóminas empiezan a pagarse tarde

Retrasar el pago de los trabajadores es una señal especialmente seria.

No solo por las consecuencias laborales.

También porque normalmente significa que la empresa ha agotado otras fuentes de liquidez.

Cuando las nóminas dependen del cobro de una factura concreta, de una ampliación urgente de póliza o de que un proveedor espere unos días más, la empresa necesita una revisión inmediata.

El objetivo no debería ser únicamente conseguir pagar este mes.

Hay que responder a otra pregunta:

¿Cómo se pagarán las nóminas de los próximos tres o seis meses?

Una previsión de tesorería realista puede aclarar muy rápidamente si estamos ante una dificultad temporal o un problema estructural.


6. Los embargos empiezan a afectar al funcionamiento normal

Una empresa puede sobrevivir a una reclamación aislada.

La situación cambia cuando empiezan a aparecer:

  • embargos bancarios;

  • ejecuciones de proveedores;

  • retenciones de créditos de clientes;

  • embargos de vehículos;

  • o actuaciones sobre bienes necesarios para continuar trabajando.

En ese momento el problema ya no consiste únicamente en cuánto debe la empresa.

El problema es que cada actuación ejecutiva puede reducir su capacidad para seguir generando ingresos.

La Ley Concursal permite utilizar mecanismos de reestructuración cuando existe probabilidad de insolvencia, insolvencia inminente o insolvencia actual, precisamente para intentar afrontar las dificultades antes de que resulte imposible corregirlas. Existe probabilidad de insolvencia cuando sea objetivamente previsible que, sin una reestructuración, el deudor no podrá cumplir regularmente las obligaciones que venzan en los próximos dos años.


7. Ya no sabes si el problema es de liquidez o si el negocio realmente pierde dinero

Esta es probablemente la señal más importante.

El administrador sabe que falta dinero.

Pero no sabe exactamente por qué.

No tiene claro:

  • cuánto debe realmente;

  • qué deuda vence en los próximos meses;

  • cuánto necesita la empresa para funcionar;

  • qué clientes generan margen;

  • cuánto patrimonio conserva;

  • o si el negocio sería rentable sin determinada carga financiera.

Cuando se pierde esa visibilidad, cada decisión se toma bajo presión.

Y esa situación genera una enorme sensación de agotamiento.

La solución comienza por recuperar una fotografía completa.

Qué debemos.Qué tenemos.Qué vamos a cobrar.Qué tenemos que pagar.Y si el negocio puede volver a generar caja suficiente.

Cuando esos números están claros, muchas decisiones dejan de parecer imposibles.


Tener problemas financieros no significa necesariamente que la empresa tenga que cerrar

Esta es una idea importante.

Una empresa puede tener dificultades y seguir siendo viable.

Si existe actividad, clientes y capacidad para generar resultados, puede tener sentido estudiar una negociación con acreedores o un plan de reestructuración.

La legislación concursal actual permite iniciar negociaciones incluso antes de llegar a una insolvencia definitiva.

En otros casos, sin embargo, continuar simplemente aumenta las pérdidas.

Entonces preparar un concurso o una liquidación ordenada puede permitir detener el deterioro y reducir los riesgos del administrador.

Lo importante es saber en qué situación estamos realmente.


Atención: pérdidas e insolvencia no son exactamente lo mismo

Una empresa puede tener pérdidas contables y continuar pagando regularmente.

Y otra puede tener patrimonio pero encontrarse sin liquidez suficiente para atender las obligaciones que vencen.

Además, cuando las pérdidas reducen el patrimonio neto por debajo de la mitad del capital social puede aparecer también una causa societaria de disolución, salvo que proceda removerla o resulte procedente solicitar concurso. La Ley de Sociedades de Capital impone entonces obligaciones específicas al órgano de administración.

Por eso conviene analizar conjuntamente:

insolvencia, patrimonio neto, tesorería y situación societaria.


Lo que cambia cuando el administrador decide actuar

La diferencia no es únicamente jurídica.

Cuando una empresa lleva meses con problemas, el administrador suele vivir pendiente de:

la siguiente llamada del banco;

el próximo impuesto;

el proveedor que amenaza con demandar;

la nómina que vence el viernes;

o el embargo que puede llegar mañana.

Analizar la insolvencia permite sustituir esa incertidumbre por decisiones concretas.

Puede ocurrir que descubramos que la empresa:

es viable y necesita reestructurar deuda;

necesita negociar urgentemente con determinados acreedores;

debe preparar un concurso;

o ya no es viable y conviene organizar una liquidación antes de seguir aumentando las pérdidas.

Cualquiera de esas respuestas es mejor que continuar varios meses sin saber qué hacer.


No esperes a que no quede dinero en la cuenta

Uno de los mayores errores es pedir asesoramiento únicamente cuando:

no quedan fondos;

los bancos han cerrado las líneas;

los proveedores han dejado de servir;

Hacienda está embargando;

y existen varias demandas.

En ese momento todavía pueden existir soluciones, pero normalmente habrá menos alternativas.

La legislación concursal permite actuar antes.

Y cuanto antes conocemos el problema, mayor suele ser la capacidad para decidir cómo afrontarlo.


¿Reconoces varias de estas señales en tu empresa?

No significa necesariamente que tengas que presentar concurso mañana.

Pero sí significa que merece la pena conocer con precisión dónde estás.

En Campaña Martín Abogados podemos analizar la deuda, la tesorería, los vencimientos, el patrimonio y la viabilidad de la empresa para determinar si existe una dificultad temporal o una verdadera situación de insolvencia.

El objetivo es responder cuanto antes a tres preguntas:

¿Puede continuar la empresa?

¿Necesitamos negociar o reestructurar las deudas?

¿O debemos preparar el concurso antes de que el problema siga creciendo?

Cuando tienes esas respuestas, la situación cambia.

Dejas de reaccionar a cada nuevo acreedor y vuelves a tener un plan.

Si reconoces varias de estas siete señales en tu empresa, el mejor momento para estudiar la situación probablemente no sea dentro de seis meses. Es ahora, mientras todavía existen decisiones que puedes tomar.


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La información contenida en este artículo es general y no sustituye el estudio jurídico individual de cada caso.

 
 
 

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